CONSEJOS OPORTUNOS (parte 1)

Los jóvenes son receptivos y tienen  esperanzas.
El Señor pide que jóvenes y señoritas entren en su  servicio. Los jóvenes son receptivos, fuertes, ardientes y esperanzados. Una vez que hayan gustado la bendición del sacrificio propio, no estarán satisfechas a menos que estén aprendiendo constantemente del gran Maestro. El Señor abrirá  caminos ante los que quieran responder a su llamado. – Ec 457 (1900). Girl listening with her hand on an ear

Los jóvenes deben elegir el destino de su vida.
Cada joven determina la historia de su vida por los pensamientos y sentimientos acariciados en sus primeros años. Los hábitos correctos, virtuosos y viriles, formados en la juventud, se convertirán en parte  del carácter y, por regla general, señalarán el curso del individuo por toda la
vida. Los jóvenes pueden convertirse en depravados o virtuosos a elección propia. Tanto pueden llegar a distinguirse por hechos dignos y nobles como por  grandes crímenes y maldad. – ST , 11 de oct. de 1910; CN 181.

La  enseñanza que produce debilidad mental y moral.
En el caso de que no se les enseñe a los jóvenes a pensar debidamente y actuar por su cuenta, en la medida en que lo permita su capacidad e inclinación mental, a fin de que  por este medio pueda desarrollarse su pensamiento, su sentido de respeto propio, y su confianza en su propia capacidad de obrar, el adiestramiento severo producirá siempre una clase de seres débiles en fuerza mental y moral. Y cuando  se hallen en el mundo para actuar por su cuenta, revelarán el hecho de que  fueron adiestrados como los animales, y no educados. Su voluntad, en vez de ser  guiada, fue forzada a someterse por la dura disciplina de padres y maestros. – 1JT 316 (1872).

Debe educarse la mente para que gobierne la  vida.
Los niños tienen una voluntad inteligente, que debe ser  dirigida para que controle todas sus facultades. Los animales necesitan ser adiestrados, porque no tienen razón de intelecto. Pero a la mente humana se le  debe enseñar el dominio propio. Debe educársela para que rija al ser humano,  mientras que los animales son controlados por un amo, y se les enseña a  someterse a él. El amo es mente, juicio y voluntad para la bestia. Un niño puede  educarse de tal manera que no tenga voluntad propia, como el animal. Aun su  individualidad puede fundirse con la de aquel que dirige su adiestramiento; para  todos los fines y propósitos, su voluntad está sometida a la voluntad del  maestro.

Los niños así educados serán siempre deficientes en energía  moral y responsabilidad individual. No se les ha enseñado a obrar y por la razón y los buenos principios; sus voluntades han sido controladas por otros y su  mente no ha sido despertada para que se expanda y fortalezca por el ejercicio.  Sus temperamentos peculiares y capacidades mentales, no han sido dirigidos ni  disciplinados para ejercer facultades más poderosas cuando lo necesiten. Los  maestros no deben detenerse allí, sino que deben dar atención especial al  cultivo de las facultades más débiles, a fin de que se cumplan todos los  deberes, y se las desarrolle de un grado de fuerza a otro a fin de que la mente  alcance las debidas proporciones. – 1JT 315 (1872).

Muchos son  incapaces de pensar por sí mismos.
En muchas familias, los Hombre ante Dios niños parecen bien educados, mientras están bajo la disciplina y el adiestramiento, pero cuando el sistema que los sujetó a reglas fijas se  quebranta, parecen incapaces de pensar, actuar y decidir por su cuenta. Estos  niño han estado durante tanto tiempo bajo una regla férrea sin que se les  permitiera pensar o actuar por su cuenta en lo que les correspondía, que no  tienen confianza en sí mismos para obrar de acuerdo con su propio juicio u
opinión.

Y cuando se apartan de sus padres para actuar por su cuenta, el  juicio ajeno los conduce en dirección equivocada. No tienen estabilidad de  carácter. No se les ha hecho depender de su propio juicio a medida que era  posible, y por lo tanto su mente no se ha desarrollado ni fortalecido  debidamente. Han estado durante tanto tiempo absolutamente controlados por sus
padres, que fían completamente en ellos; sus padres son para ellos mente y  juicio. – 1JT 315, 316 (1872).

Los resultados del control  mediante la fuerza o el temor.
Aquellos padres y maestros que  se jactan de ejercer el dominio completo de la mente y la voluntad de los niños  que están bajo su cuidado, dejarían de jactarse si pudiesen ver la vida futura  de los niños así dominados por la fuerza o el temor. Carecen casi completamente  de preparación para compartir las severas responsabilidades de la vida. Cuando  estos jóvenes ya no estén bajo el cuidado de sus padres y maestros, y estén obligados a pensar y actuar por su cuenta, es casi seguro que seguirán una  conducta errónea y cederán al poder de la tentación. No tienen éxito en esta  vida; y se advierten las mismas deficiencias en su vida religiosa. – 1JT 316,  317 (1872).

La disciplina que estimula y fortalece.
Después de la disciplina del hogar y la escuela, todos tienen  que hacer frente a la severa disciplina de la vida. La forma de hacerlo  sabiamente constituye una lección que debería explicarse a todo niño y joven. Es  cierto que Dios nos ama, que obra para nuestra felicidad y que si siempre se
hubiese obedecido su ley nunca habríamos conocido el sufrimiento; y no menos  cierto es que, en este mundo, toda vida tiene que sobrellevar sufrimientos,  penas y preocupaciones como resultado del pecado. Podemos hacer a los niños y  jóvenes un bien duradero si les enseñamos a afrontar valerosamente esas penas y  preocupaciones. Aunque les debemos manifestar simpatía, jamás debería ser de tal  suerte que los induzca a compadecerse de sí mismos. Por el contrario, necesitan algo que estimule y fortalezca, y no que debilite. -Ed 295 (1903). soledad

La reacción a las reglas rigurosas.
No  introduzca ni una sola partícula de aspereza en su disciplina. No establezca  prohibiciones rígidas para los jóvenes. Son estas reglas y prohibiciones  rigurosas las que a veces los llevan a sentir que deben hacer las cosas que  precisamente se les indica que no deben hacer y las harán. Cuando advierta o  reprenda a los jóvenes, hágalo como quien tiene un interés especial en ellos.
Que ellos vean que usted tiene un deseo ferviente de que logren un buen registro  en los libros del cielo. – MM 180 (1902).

Es difícil para los  jóvenes llevar cargas.
Los jóvenes pueden ejercer una poderosa  influencia si renuncian a su orgullo y egoísmo y se dedican a Dios; pero en  general no quieren llevar cargas por otros. Ellos mismos deben ser llevados por  otros. Ha llegado el tiempo en que Dios demanda un cambio en este aspecto. El
llama a jóvenes y adultos a ser celosos y a arrepentirse. Si continúan en el  estado de tibieza, los vomitará de su boca. Dice el Testigo fiel: “Yo conozco  tus obras”. Joven, señorita, tus obras son conocidas, sean buenas o malas. ¿Eres  rico en buenas obran? Jesús se acerca a ti como un consejero: “Yo te aconsejo  que de mí compres oro refinado en fuego, para que seas rico, y vestiduras  blancas para vestirte, y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge  tus ojos con colirio, para que veas” (Apoc. 3: 18).- 1T 485 (1867).

Los pensamientos llegan a ser hábitos.
Debemos  sentir siempre el poder ennoblecedor de los pensamientos puros.

La única  seguridad para el alma consiste en pensar bien, pues acerca del hombre se nos dice: “Cual es su pensamiento en su alma, tal es él” (Proverbios 23: 7). El  poder del dominio propio se acrecienta con el ejercicio. Lo que al principio  perece difícil, se vuelve fácil con la práctica, hasta que los buenos  pensamientos y acciones llegan a ser habituales. Si queremos podemos apartarnos  de todo lo vulgar y degradante y elevarnos hasta un alto nivel, donde gozaremos  del respeto de los hombres y del amor de Dios. – MC 392 (1905).

Ejemplos tristes de la historia.
El carácter de  Napoleón Bonaparte recibió una gran influencia por su educación infantil.  Algunos instructores desacertados inspiraron en él el amor a la conquista  formando ejércitos simulados de los cuales él era el comandante. Así se  estableció el fundamento de su carrera de lucha y efusión de sangre. Si el mismo  cuidado y esfuerzo se hubieran empleado para hacer de él un buen hombre,  infundiendo en su joven corazón el espíritu del Evangelio, cuán ampliamente  diferente habría sido su historia.

Se dice que el escéptico Hume fue un  concienzudo creyente de la Palabra de Dios en sus primeros años. Pertenecía a  una sociedad de debates, y allí se lo nombró para que presentara argumentos a favor de la incredulidad. Estudió con fervor y perseverancia, y su aguda y  activa mente quedó impregnada con la sofistería del escepticismo. Antes de  mucho, llegó al punto de creer sus enseñanzas engañosas, y292ytyy toda su vida
posterior llevó el oscuro sello de la incredulidad. – ST , 11 de oct. de 1910;  CN 180, 181.

La influencia de la lectura. (Nota: Véase el capítulo 13, Alimento para la mente)
Muchos jóvenes anhelan  tener libros. Leen cualquier cosa que pueden obtener. Apelo a los padres de los  tales niños para que controlen su deseo de lectura. No permitan que sobre sus  mesas haya revistas y diarios que contentan historias de amor. Deben  reemplazarlas con libros que ayuden a los jóvenes a incluir en el edificio de su  carácter el mejor material: el amor y el temor de Dios, el conocimiento de  Cristo. Estimulad a vuestros hijos a almacenar valiosos conocimientos en la  mente, a que lo bueno ocupe su alma, controle sus facultades, no dejando lugar  para pensamientos bajos y degradantes. Reprimid el deseo de leer cosas que no  proporcionan buen alimento a la mente. El dinero gastado en revistas de cuentos
puede parecer poco, pero es demasiado para lo que ofrece tantas cosas que  extravían y da tan poco bien en recompensa. Los que están en el servicio de Dios  no deben gastar tiempo ni dinero en lecturas sin provecho. – CM 126 (ed PP);  102, 103 (ed ACES) (1913). reflexionar

Fuente: Elena de White: MENTE, CARÁCTER Y PERSONALIDAD, Tomo 1 (Capítulo: Problemas de los jóvenes)

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