CÓMO SALIR DE LA DEPRESIÓN – Parte 2

Tratando la depresión

Aunque la depresión es algo muy debilitante, y bastante común entre los cristianos y los no —cristianos, no es un problema tan difícil como de cansadoprimeras aparenta ser. Lo que usted debe reconocer es que la depresión es el resultado de una falla en su dominio propio y la disciplina personal. Un fruto del Espíritu Santo es la disciplina personal de buscar obedecer la Palabra de Dios, buscando agradar a Dios en vez de cumplir sus propios deseos (Gálatas 5:23). Este es el meollo del asunto. “Pues, no entiendo. Si espera que yo capte todo eso, tiene que explicarse mejor”. Por supuesto. Yo estaba definiendo los términos generales antes de llegar a lo específico, porque quiero que entienda lo más básico antes de proceder. Pero hablemos concretamente. Los que son especialmente vulnerables a la depresión son las personas que deben fijar su propio horario, como por ejemplo las amas de casa, los predicadores, y los que trabajan en lo propio. Las personas que tienen trabajos con horarios fijos, y tienen sus tareas más o menos programadas, rara vez caen en depresión. La razón de esto es que su trabajo no depende del dominio propio ni de la disciplina personal a tal grado como sí se necesita en las otras vocaciones. Los que tienen horarios fijos y tareas programadas rara vez se atrasan en su trabajo. Pero la persona que debe fijar su propio horario, y debe ejercer el dominio propio, enfrenta otro desafío. Vivimos en una cultura que no enfatiza el dominio propio. De modo que es fácil atrasarse en el trabajo, y comenzar el descenso a la desesperación y depresión al obsesionarse con los atrasos, y al olvidarse de sus obligaciones. Al desorganizarse su horario, se atrasa más en sus obligaciones, las cuales se acumulan, y rápidamente va rumbo al camino que lleva a la depresión. Si le agregamos algún otro factor tal como los siguientes, obtiene la receta perfecta para una olla espesa de depresión:

Factores adicionales que pueden producir la depresión cuando acompañan la falta del dominio propio

* Una enfermedad.

* Algún pecado no confesado.

* Alguna decepción fuerte en la vida.

* La falta de manejar estos atrasos de la forma que Dios manda.

* Una tendencia de seguir las emociones o los sentimientos en lugar de cumplir las obligaciones.

* La participación con otras personas que alimentan el sentido de ser víctima.

Dios nos ha hecho de manera que cuando fallamos en el manejo de nuestras responsabilidades, nuestra consciencia dispara emociones negativas. Si no le hacemos caso inmediatamente, tarde que temprano llevará a la depresión. David miraba la depresión como una advertencia de Dios cuyo propósito era llevarlo al arrepentimiento y hacia un cambio de actitud o de conducta: “Día y noche se agravó sobre mí tu mano” (Salmo 32:4).
La culpa que acompaña la depresión proviene de la falta de manejar el problema de la forma que Dios especifica. Si intentamos suprimir nuestra conciencia o este sentido de culpa por algún otro método, sólo empeoramos nuestra culpa y los sentimientos dolorosos, y el ciclo se hace peor y peor. Algunos métodos modernos para acallar nuestros sentimientos de culpa son los siguientes:

* Métodos comunes para silenciar nuestra conciencia

* Pastillas para controlar la depresión

* Terapia que incluye golpes eléctricos

* Yoga

* Expulsión del “demonio” de depresión
Sacando la raíz de la depresión

Un buen comienzo para tratar la depresión es reconocer que la raíz de donde ella proviene es renunciar a las obligaciones cuando se enfrenta alguna dificultad. En 2 Corintios 4:8 Pablo dice “Estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados”. Hubo muchas oportunidades en que Pablo se encontraba con terribles dificultades y oposición. Hubo circunstancias en las cuales Pablo no sabía qué hacer. Estaba atribulado y en apuros. Pero nunca llegó a la depresión. En todo tiempo Dios le ayudó a Pablo a atravesar cada dificultad sin desesperarse. Tuvo atrasos, pero Pablo no permitió que estos atrasos impidieran su claro llamado a seguir adelante. No se desesperó, ni renunció al trabajo que Dios le había dado. Se sentía mal, pero no deprimido. La persona en depresión no sólo se siente mal, sino que también renuncia a sus obligaciones.
La diferencia entre sentirse “afligido” y la “depresión” es de mucha importancia entender la diferencia entre sentirse perplejo, desanimado, débil, o aún culpable y la depresión. Toda persona, incluyendo el apóstol Pablo, se ha sentido desanimada, en algún momento se ha sentido debilitada y muy mal. A todos nos pasa.

Pero esto no es depresión. La depresión viene cuando no manejamos correctamente el desánimo, la culpa o la aflicción física. La depresión viene cuando permitimos que los sentimientos asociados con las aflicciones de la vida nos impidan cumplir con nuestros deberes. Cuando seguimos nuestros sentimientos en lugar de cumplir las obligaciones que tenemos para con Dios y nuestro prójimo, somos culpables de pecado y esto nos hace sentirnos peor aún. Cuando añadimos estos sentimientos de culpa a los sentimientos dolorosos que ya tenemos, nos sentimos peor todavía, y menos dispuestos a hacer nada. Si seguimos a estos sentimientos de fracaso —y se hace más fácil cada vez— disparamos un ciclo infinito que conduce a la depresión. Ahora puede ver lo que yo quería decir con que la depresión es cíclica. “Tiene razón —así es mi depresión—. Sólo se hace peor y peor”.mujer_0

Correcto. Mientras usted sigue sus sentimientos cuando le dicen que “usted no puede” hacer lo que sabe que debe hacer, entonces usted no cumple sus deberes y como consecuencia se hunde más y más en el hoyo de la depresión, haciendo menos y menos, reducido a dar vueltas por la casa, quedarse en cama, o ver televisión. ¿Suena familiar? “Sí, me suena. Pero ¿qué puedo hacer? Una cosa es describir el problema. Otra cosa es superarlo”. De acuerdo. Pero es importante comprender la dinámica en su vida para poder echar mano a la solución correcta. Yo he notado que la depresión proviene de manejar mal una situación que le hace sentirse mal. Los primeros sentimientos dolorosos tal vez venían de algún pecado, o sencillamente de que cayó enfermo y se acumuló mucho su trabajo y se siente abrumado. Tal vez la ropa para planchar se hizo una montaña, o los papeles se acumularon mucho en su escritorio. Sea lo que sea el problema específico, una cosa es de suma importancia: en lugar de hacer lo que debiera de haber hecho, usted cedió a sus sentimientos esperando que luego tendría más ganas de hacer aquello. Ya usted escogió el camino hacia la depresión. La llave para evitarla, entonces, es esta: no siga sus sentimientos cuando sabe que tiene una responsabilidad que cumplir.
Cumpla su deber en contra de sus sentimientos. Cuando usted hace esto —aunque al principio sea sin “ganas”— usted lo va a hacer porque sabe que esto agrada a Dios. Y usted se dará cuenta de que con el tiempo sus sentimientos también cambian. Dios le va a dar un sentimiento de satisfacción, y luego entusiasmo hacia aquello que antes usted temía. Usted no debe esperar hasta que tenga ganas de realizar la tarea, o tal vez nunca lo hará. Tampoco debe enfocarse en sus sentimientos —si tiene ganas o no— usted no puede cambiar sus sentimientos automáticamente. Haga lo que Dios quiere que haga —tenga ganas o no—. El cambio de sentimientos será el resultado que Dios da con el tiempo. Este es el secreto para combatir la ola de depresión que amenaza con hundirlo. No hay otra forma.

“¿Me está diciendo que si yo hago lo que Dios quiere que haga, sólo para agradarle a él —aunque no tenga ganas— Dios promete bendecir y fortalecerme, y aún cambiar lo que siento?” !Así es! Para decirlo en pocas palabras, haga lo siguiente:

1. Haga una lista de todas las cosas que usted ha descuidado porque no tenía ganas de hacerlas.

2. Ahora comience a hacerlas para agradar a Dios y cumplir con otros que dependen de ud. (como su cónyuge, familia, jefe, compañero de cuarto, etc).

3. Siga cumpliendo con su trabajo no importa cómo se sienta, hasta que vea la tarea cumplida. Tendrá un cambio en sus sentimientos. La ola de depresión disminuirá. Si usted es ama de casa, vaya, limpie su casa, comience a alistar las comidas de nuevo, levántese en la mañana para despedir a su esposo y a sus hijos. Si usted es vendedor, deje de inventar pretextos, saque su lista de nombres, alce el teléfono y haga las llamadas necesarias. Luego salga de la casa y realice todas las visitas hasta terminarlas. Si usted trabaja en lo que sea, usted sabe lo que debe de hacer. No espere hasta luego, pensando que tendrá más ganas después. No posponga sus deberes hasta “un mejor momento”. Lo que puede hacer ahora mismo, hágalo. No espere otra hora más.

Pensando en el futuro

Una vez que haya salido de la crisis, piense en el futuro. Usted puede evitar la depresión en el futuro de la misma forma en que salió después de haber caído en ella: haciendo lo que Dios le pide en cada etapa de su vida tenga ganas de hacerlo o no. Usted debe organizar su vida en el futuro, y guardar una disciplina de vida, no importa cómo se sienta. Pida ayuda a su pastor o a algún líder de su iglesia si necesita ayuda en organizar su horario. Tal vez esta persona puede ayudarle a guardar su horario durante un período de tiempo hasta que usted se acostumbre a guardarlo por sí mismo. Esta es una forma de “estimularnos al amor y a las buenas obras” (Hebreos 10:24). Dios mismo planea y organiza su trabajo. Usted, creado a la imagen de Dios, no puede vivir su vida sin el orden y la disciplina de planear un horario y fijar prioridades. Cuando usted planea bien su día, ya no va a tener tiempo de pasar largas horas en el teléfono quejándose de esto o aquello, o sentado tomando café con alguien perdiendo el tiempo cuando debe estar trabajando. !El café vendrá como dulce recompensa al finalizar sus deberes!

Conclusión

Ahí está. Ya usted sabe cómo salir de la depresión y cómo no volver a caer en ella.
Permítame resumir una vez más con otras palabras:

1. Confiese su pecado de no asumir sus responsabilidades, junto con cualquier otro pecado que no haya confesado.

2. Comience a hacer lo que Dios manda para agradarle a él, no importa si tiene ganas de hacerlo o no.

3. Maneje bíblicamente lo que causó sus sentimientos de fracaso o culpa al principio. Esto puede haber sido algún pecado, o bien otro desánimo producido por circunstancias en su vida.

4. Evite a las personas que no le ayuden a manejar su problema bíblicamente.

Planifique su día de trabajo, y siga su plan, no sus sentimientos.
Que Dios le bendiga en sus esfuerzos por agradarle a él y ser una bendición para otros. Dios le promete a todo cristiano su ayuda en Cristo Jesús:

“Despojémonos del pecado y todo peso que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Cristo, Autor y Consumador de la fe” (Hebreos 12:2).
by Jay Adams, Cómo Salir De La Depressión (Guadalupe, Costa Rica: CLIR, 2012), 14-33. Adaptado por http://www.poder1844.org

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